Nuestra Patagonia, SIN REPRESAS

21 de junio de 2008

Dulce agonía

Lo miró de reojo.
En su último aliento, aún se sentía la dulce fragancia de sus palabras,
Aunque solamente eran los últimos alientos de su desesperación.

Se mostraba asustada
Se terminaba el delirio, la vida se destruyó, y el destino no contó con ella
Sus manos abandonaron su rostro, y fueron desvaneciéndose hacia la nada.

Quiso vomitar un sueño.
Y construir su vida entorno a él
Dibujar algodones en el cielo, y escucharlo reír.

La realidad se iba desdibujando.
El segundero era implacable.
Su fuerte abrazo no consiguió retenerlo.
No quería que se fuera. Pero fue inútil, él se había marchado.

Y dentro de la urna transparente donde encerró sus besos, sólo quedaba una almohada.
Su niño del dulce corazón se había marchado.
Y Aferrado a el, murió la ilusión.

7 de junio de 2008

Tu partir.

Cuando los recuerdos son lo que quedó
del humo, con tu figura en mis pisadas
y tu reflejo sobre mi imagen.

No bien, tu vida entrelaza
a mi nueva rutina, y tu sonrisa
copa mi actuar, renazco.

Tal fénix ardiente y poderoso,
renaciste, en todos y para quedarte
al son gozoso glorioso y doloroso.

Del mismo blues que solíamos oír
y de aquella canción a Rodrigo
que me legaste, y hoy es himno de tu partir.

A dos metros de tu nombre
a un muro de tus restos
y a una vida de tu alma

Me Destroza visitar una lápida
vacía de recuerdos y,
llena de cenizas
Ante una ida sin regreso.

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