Nuestra Patagonia, SIN REPRESAS

29 de marzo de 2008

Una taza de café.


Bien cargado, dos cucharadas de azúcar y tantas lágrimas como gotas hay.
La mezcla perfecta, sorbeteos sabrosos, lujuriosos. Y el humo emanado se disipa entre los recuerdos angustiosos de la canción lánguida de la vida.
4-40 mhz producen ondas en el líquido que refleja un rostro, mi expresión mi vida, y una tarde tan memorable como el día desde que te extraño.

Un racimo de flores tan hermoso como los recuerdos, y un canto en La menor hacen de mi vida una bahía, que paso a paso voy caminando contigo, presente a cada huella.

Aún no he decidido dormir. Entonces, una taza de café.

Mujer.

Llevo varios minutos casi acariciando con la vista, aquella conocida silueta.
Se trata de aquella mujer vibrante, armoniosa.
Delgada cintura y anchas caderas, Hermosa, perfecta.
Me gustaría que entendieras cómo haces cantar mi espíritu y, llenas de libertad mi corazón cuando estamos juntos.
Te tengo desde que te conocí, cuando te entregaste a mí cuerpo y te toqué, en un intento temeroso y sensual como toda primera vez. Desde entonces me sentí unido a tu vida, a tu cuerpo, a tus cuerdas y, me enamoraste con cada canción que permitiste que mis manos interpretaran.

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