Nuestra Patagonia, SIN REPRESAS

29 de marzo de 2008

Una taza de café.


Bien cargado, dos cucharadas de azúcar y tantas lágrimas como gotas hay.
La mezcla perfecta, sorbeteos sabrosos, lujuriosos. Y el humo emanado se disipa entre los recuerdos angustiosos de la canción lánguida de la vida.
4-40 mhz producen ondas en el líquido que refleja un rostro, mi expresión mi vida, y una tarde tan memorable como el día desde que te extraño.

Un racimo de flores tan hermoso como los recuerdos, y un canto en La menor hacen de mi vida una bahía, que paso a paso voy caminando contigo, presente a cada huella.

Aún no he decidido dormir. Entonces, una taza de café.

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