Nuestra Patagonia, SIN REPRESAS

21 de junio de 2008

Dulce agonía

Lo miró de reojo.
En su último aliento, aún se sentía la dulce fragancia de sus palabras,
Aunque solamente eran los últimos alientos de su desesperación.

Se mostraba asustada
Se terminaba el delirio, la vida se destruyó, y el destino no contó con ella
Sus manos abandonaron su rostro, y fueron desvaneciéndose hacia la nada.

Quiso vomitar un sueño.
Y construir su vida entorno a él
Dibujar algodones en el cielo, y escucharlo reír.

La realidad se iba desdibujando.
El segundero era implacable.
Su fuerte abrazo no consiguió retenerlo.
No quería que se fuera. Pero fue inútil, él se había marchado.

Y dentro de la urna transparente donde encerró sus besos, sólo quedaba una almohada.
Su niño del dulce corazón se había marchado.
Y Aferrado a el, murió la ilusión.

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